EL PRINCIPIANTE
Un día como cualquiera de colegio en una ciudad como California habitaba un niño llamado Carlitos. Exactamente no parecía un niño, sino un mounstro, porque su forma de vestir y de aspecto era horrible. Además de sucio era desordenado, es decir, un completo desastre de niño. Carlitos quería ir a vivir a New York, una ciudad, en la que havían zonas espectaculares, pero claro el pensaba siempre que nunca llegaría a vivir allí. El chico, ni era buen estudiante, ni alguien con ejemlo. Él quería cambiar pero solo no podía y no sabía como alcanzar el sueño de su vida. Pero claro aún era joven, tenía 12 años y era bajito y flojo. Ese día Carlitos pasaba por la escuela y como no, al entrar estaban los matones de turno que te quitaban la comida y el dinero, pero claro Carlitos siempre entraba normal porque no se atrevían a acercarse a él sin mascarilla porque olía mal. Era como un caso especial para los matones. En clase carlitos siempre se portaba fatal y luego en los recreos se quedaba castigado. En esos ratos miraba por la ventana para ver como jugaban los niños y luego se ponía a llorar. El quería cambiar de una vez por todas y siempre buscaba la forma. Pasaron los días, y pensaba y pensaba, y derrepente se le acercó un chaval limpio, ordenado, listo y estudioso, es decir, lo contrario a Carlitos que se llamaba Marc. El chico le dijo -si quieres cambiar ven y sígueme- . Carlitos se quedó mudo por esas palabras y le siguió. Marc le explicó todo lo que tenía que hacer. Quedaban después de comer, cuando podía, en los recreos, y después del colegio, etc. Marc cada día le enseñaba a ser como él. Cada día era mejor persona, de todos los aspectos. La gente ya se juntaba con él y era como los demás pero quería ser popular. Marc cada día escribía más y más para un libro que quería publicar sobre carlitos que lo llamaba “El Principiante”. Carlitos cada día iba aprendiendo más y más a ser una persona natural. Pero a Carlitos le inquietaban también otras cosas, como el amor que tenía bajo llave en el corazón. Amaba a una chica, pero no a una chica cualquiera, sino a la chica más espléndida, lista, bella y todo lo bueno que pueda tener una
persona. La chica se llamaba Linda, era mediana, tenía 12 años y era bailarina, es decir, la chica perfecta. Marc un día le dijo a Carlitos - Carlitos quiero que le pidas ya para salir a linda- . Carlitos se impresionó, porque no sabía que hacer. - ¿Y si quedo mal porque se ríen o me dice que no?- dijo asustado. No tenía otra opción si quería que Marc le ayudara más. Marc lo hacía por su bién. Entonces Carlitos fue a ella, se acercó y le dijo tartamudeando si quería salir con él pero linda lo entendió y le dijo que sí queria salir con él. Fueron al cine juntos y se enamoraron. Al cabo de dos años Marc y Carlitos eran grandísimos amigos y Carlitos seguía saliendo con la bella linda. Estaban en época de verano y en ese momento Carlitos era como popular , pero no solo en el colegio, sino que también por la calle le conocía todo el mundo. Las chicas ya no le miraban mal , sino que le miraban locamente perdidas. Un día Carlitos iba por la calle para hacer la compra y vio como linda se besaba con otro chico. El joven era guapo, fuerte y era el capitán de fútbol y se llamaba mike y tenía dieciséis años. En ese momento linda tenía catorce. Carlitos desde ese día no se volvió a enamorar. Carlitos creció y se hizo mayor; tenía veintidos años y era el jefe de nueve empresas de NATURALIFE. Defendía la naturaleza y el mundo entero. El solo se preocupaba por hacer un mundo mejor. Lo mejor es que llegó a conseguir el sueño de su vida que era vivir en New York. Se hizo multimillonario y le nombraron encargado de la ciudad. A los veintinueve años se fue a vivir a Washinton porque creó otras dos empresas allí. A los 32 años le nombraron presidente de los Estados Unidos. Pasados tres años de ser presidente le dispararon cerca de los callejones, pero nadie supo quién le mato. Hay quien dice que fueron unos protestantes que defendían el derecho a la suciedad o cosas parecidas. Al leer el testamento solo ponía una cosa que era:
Todo lo que me pertenece se lo debo todo a un amigo que me quería y me ayudó a superar todos
los obstáculos y a reconocer el mundo. Te cedo mis empresas, dinero y el delegado de presidente.
Gracias, con cariño carlitos.
